¿Los hombres y las mujeres somos iguales?

En algún momento hemos escuchado o dicho frases como:

¡Los hombres no lloran!

¡Eres una nena compórtate como tal!

¡Mira! ese hombre es genial, ayuda a sus pareja con los niños

¡Los niños de ahora son así por la ausencia de las madres en casa!

Desde el momento en que nacemos se nos asignan características, expectativas, valores y normas de acuerdo al sexo al que pertenecemos. Nuestro entorno social nos indica cómo debemos actuar, pensar y sentir solo por ser hombres o mujeres.

Así, el origen de la construcción del ser masculino y ser femenino como los conocemos hoy en día, tiene su raíz en las diferencias biológicas y anatómicas de los hombres y las mujeres. De tal manera que a partir de estas diferencias las diversas sociedades en el mundo convinieron en dividirnos y dotarnos de facultades diferenciadas, como si la capacidad reproductiva definiera también nuestras intelectualidades y capacidades.

Como personas únicas podríamos pensar que no solo tenemos una sola forma de ser mujer u hombre, sin embargo existen ciertas características que de acuerdo a la época o lugar donde vivimos se acentúan en un tipo de Masculinidad y Feminidad. En el caso de nuestra cultura durante muchos años se establecieron posturas completamente tradicionales con roles y formas de ser muy específicas tanto para hombres como para las mujeres, las cuales en su mayoría eran antagónicas, de ahí que las personas asociamos a las mujeres con la debilidad y a los hombres con la fuerza.

La transición por la que actualmente atravesamos ha permitido que en nuestro país como en otros lugares del mundo, nos empecemos a cuestionar estos modelos de feminidad y masculinidad, dando apertura a nuevas formas de ser hombres y mujeres, con la posibilidad de explorar e incursionar en aquellos roles o comportamientos que antes parecían imposibles y con ello la posibilidad de construir mejores relaciones consigo mismos y con los demás, construyendo vínculos con características más favorables y benevolentes y por lo tanto menos violentos.

Siempre será mejor construir relaciones equitativas, que relaciones establecidas a través de la desigualdad y donde una persona ostente el poder

¿Pero, cómo esto influye en las formas de relación con las otras personas y por lo tanto en nuestros vínculos?

Pensemos en elementos que conforman el Modelo Tradicional Masculino y el Modelo Tradicional Femenino

Modelo Tradicional Masculino

  1. La represión de las emociones, principalmente aquellas como el amor, la tristeza o aquellas que han sido relacionadas con las mujeres, jamás se les permite reconocer el miedo, ya que ello cuestiona su hombría. No hablar de ellas los hacen más fuertes y más hombres desde la perspectiva de este modelo tradicional. 
  2. La presión por los logros o por ser siempre el mejor. Esta exigencia implica, ser admirado, triunfador, exitoso, por lo tanto su forma de relación con otros hombres es a través de la competencia.
  3. Ser fuerte. Ser como un roble, el que pone orden y sobretodo el que ante una situación de crisis parece no tener derecho a quebrantarse. En ocasiones este elemento Implica el uso de la violencia en algunos casos, no solo aquella tangible u observable sino aquella que parece imperceptible; violencia dirigida asimismo, sus pares (otros hombres), las mujeres e incluso con los propios hijos e hijas, dificultando sus relaciones.

 Es decir se traduce en un estilo de relación con las demás personas, caracterizado por un comportamiento afectivo limitado, por actitudes basadas en modelos de control, poder, competencia, así como una clara dificultad para el cuidado de sí mismo.

A través de este modelo la identidad masculina se requiere por oposición, negando el lado femenino, es decir el hombre debe convencer a los demás de tres premisas: que NO ES UNA MUJER, QUE NO ES UN BEBÉ Y QUE NO ES HOMOSEXUAL.

Según la doctora Nancy Chadorow, el origen de la identidad masculina sería más negativo que positivo, pues pone el acento en la diferenciación, en la distancia que establece con respecto a las demás personas y en la carencia de una relación afectiva.

Fragilidad masculina y violencia

Ante la necesidad de «demostrar» la masculinidad, ésta debe apoyarse en ciertos ejes considerados fundamentales: heterosexualidad, éxito en actividades claves (trabajo, deporte u otra), autoridad en el hogar u otros lugares y no ser femenino.

El “fracaso” en alguno o todos estos aspectos puede ser muy dañino para el hombre, de ahí la fragilidad de la identidad masculina tradicional. Para muchos hombres el enfrentarse a la “fragilidad” de su masculinidad es profundamente atemorizante, por lo que pueden reaccionar con violencia, hacia sí mismos o hacia otras personas.

De aquí que los hombres se vuelvan violentos porque:

  • El medio (familia, amigos, etc.) los impulsa a ser violentos. “No dejarse” implica priorizar el enfrentamiento sobre el dialogo.
  • No se les enseña a enfrentar sus temores e inseguridades, sino a “huir atacando”
  • El hombre que se rehúsa a pelear y enfrentar, que no es brusco o dominante, es “pendejo”, “marica”, “poco hombre”, sujeto de abuso por otros hombres.

¿Cómo construir nuevas Masculinidades?

Robert Bly aboga por un rescate de las características positivas de la masculinidad, sobre todo de aquellas que le permitan al hombre mantener la confianza y seguridad en sí mismo, y aboga por que ese cambio hacia una personalidad más pacífica, abierta y receptiva que no anule o disminuya su energía masculina.

Por ello, los nuevos modelos de masculinidad deberían estar basados en las siguientes premisas:

  • Aceptar su propia vulnerabilidad;
  • Aprender a expresar emociones y sentimientos (miedo, tristeza, etc);
  • Aprender a pedir ayuda y apoyo;
  • Aprender métodos no violentos para resolver los conflictos;
  • Aprender y aceptar actitudes y comportamientos tradicionalmente etiquetados como femeninos, como elementos necesarios para un desarrollo humano integral.

Se trata de modelos de masculinidad basados en una concepción igualitaria y no jerárquica, cuyo sentido se mida “no en sus éxitos personales, sino en la manera en que su labor revierta en la mejora de la sociedad a la que se sienta responsablemente vinculado”. Unas masculinidades nuevas, antisexistas, antirracistas, antihomofóbicas, promotoras de una vivencia de la masculinidad amplia y diversificada, plural y abierta.

La autora Ángels Carabí propone un concepto denominado nuevas masculinidades positivas, el cual implica no sólo una nueva masculinidad antisexista y antihomofóbica, sino también antirracista y anticlasista por parte de los varones.

Algunas de las cualidades de estas nuevas masculinidades incluyen:

  • Compartir el control de la realidad con las mujeres;
  • No utilizar el poder para imponerse sobre otros/as;
  • Luchar por disfrutar de su trabajo y de su hogar por igual;
  • Compartir las labores domésticas y el cuidado de los hijos e hijas;
  • Agruparse con otros varones para plantear cambios en sus actitudes convencionales;
  • Promover la no violencia en sus hijas e hijos y en otros hombres;
  • Oponerse al machismo, reconocer las consecuencias negativas que éste ha traído a sus relaciones interpersonales;
  • No ver amenazada su masculinidad por compartir sus puntos de vista con las mujeres;
  • No considerar la homosexualidad como un peligro para su masculinidad;
  • Ser contrario a una educación sexista y homofóbica para los hijos e hijas;

Estar de acuerdo con que la madre participe en el proceso de hacer al hijo un hombre, buscar que el hijo, desde temprano, no desarrolle una identidad masculina agresiva ni egocéntrica

En suma, conocer las limitaciones y peligros del modelo tradicional de masculinidad nos ayuda a entender la urgencia del cambio cultural y la necesidad de redefinir la hombría, con miras a construir una sociedad mucho más igualitaria y libre de violencia.

Modelo tradicional Femenino. Ser mujer a partir de este modelo implica:

  1. Ser delicada y débil. Por esta condición, siempre se requiere de otro generalmente hombre, que la cuide y la proteja, en un primer momento es el padre o los hermanos y posteriormente quien asume este papel es la pareja, incluso se requiere de esa figura masculina para no ser violentada.
  2. Ser cuidadora de los demás (hijos, hermanos, papás, nietos, etc.), una de las características más asociadas a las mujeres es la del cuidar de otros, lo cual se ha construido a través de la creencia de que las mujeres nacemos con un instintito materno, sin embargo estudios han revelado que este se aprende socialmente.
  3. Toma decisiones, sin embargo estas no son las que implican una gran responsabilidad.
  4. Emocionales, esta característica está asociada a lo femenino, es decir son quienes tiene mayor posibilidad de expresar sus emociones, sin embargo ello condiciona de manera importante que puedan desarrollarse en el ámbito público.
  5. Pasivas, si las mujeres toman iniciativa son consideradas desobedientes, rebeldes, fuera del papel que les corresponde

Aun con todos los avances de las mujeres para poder incursionar en el ámbito público (trabajo, estudios, etc.), aún hay un camino largo que recorrer, pues con las características aun arraigadas de la feminidad tradicional, se cuestionan aun si deben crecer profesional y laboralmente o cumplir con los roles determinados como el ser madre y el cuidado del hogar, ojo con ello no quiero decir que no deben realizarlo, sin embargo compartir la responsabilidad con el otro implica ceder en relación al mismo.

Las nuevas feminidades, es decir las nuevas formas de ser mujer implican:

  • La toma de decisiones, principalmente aquellas que estén relacionadas consigo mismas
  • Proactivas, sin tanta dependencia de otro
  • Implica una relación más equitativa con otras mujeres y con los hombres
  • Hacernos visibles ante los demás
  • Conciliar entre la vida laboral y la vida familiar

No se trata de juzgar, sino reflexionar acerca de estos modelos, no se trata de derribarlo sino de construir nuevas formas que nos den la posibilidad a todas las personas construir mejores relaciones, con vínculos más afectivos.

Los cuestionamientos acerca de los modelos tradicionales han abierto las puertas para nuevas formas de masculinidad y feminidad.

Como ejemplo, hoy los hombres tienen mayor posibilidad de ejercer paternidades más amorosas y cercanas, sin que su hombría sea cuestionada, beneficiando no solo al ellos mismos sino a los hijos.

Por su parte las mujeres han incursionado en el ámbito público compartiendo con los hombres responsabilidades con el otro.

Los nuevos modelos tampoco son únicos, cada uno de nosotros encontrara la forma que tenga mejores resultados para sus relaciones, sin embargo una característica importante es que estos modelos pretenden no dividirnos, ni pensar que el poder lo ostenta solamente alguien, pero sobre todo fortalecer los vínculos con características más bondadosas.

Es necesario buscar modelos alternativos en los cuales el valor de las personas esté por encima de cualquier otro aspecto que vaya a menoscabar las relaciones entre hombre-mujer, mujer-mujer y hombre-hombre; un modelo donde lo imperante sea el respeto.

Haidé Pérez Galicia

Haidé Pérez Galicia

Psicoterapeuta Psicoanalítica

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