Ser padres es una de las experiencias más maravillosas que la vida nos ofrece, desde la dulce espera hasta el momento del nacimiento, nuestro bebé nos conecta con lo mejor de nosotros y así nos da la oportunidad de ofrecerle nuestros afectos más profundos, nuestras habilidades, fortalezas y experiencias para su bienestar y el de la familia que se está consolidando.
Si bien es cierto que ser padres es maravilloso, también es verdad que no es nada fácil y que el ejercicio de la maternidad y la paternidad implica vivir también momentos de angustia, frustración y culpa, los cuales en muchas ocasiones se exacerban por factores ajenos al vínculo madre-hijo (a) o padre-hijo (a), tal como sucede en el caso de las alergias alimentarias “consideradas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la pandemia del siglo XXI desde hace tres años, estimándose que para el 2020 uno de cada dos europeos tendrá algún tipo de alergia” (Estrada, 2017).
Las alergias alimentarias se producen cuando una persona reacciona con síntomas adversos al contacto, ingestión o inhalación de las proteínas de un alimento, los síntomas o reacciones alérgicas pueden variar en cuanto a su potencia y gravedad, pueden presentarse calambres abdominales, náuseas, vómito, diarreas, eczemas en la piel o bien anafilaxia, que es la reacción más peligrosa, pues queda en riesgo la vida de la persona; así que como verán no es tan fácil como que si me sirven un plato de ensalada con nuez, si soy alérgica a la nuez se la quito y ya no pasa nada, ya que queda contaminado el alimento y al consumirlo se presenta la reacción alérgica.
Si ser mamá o papá angustia por el simple hecho de serlo, ser madre o padre de un niño o niña con alergias alimentarias angustia más, ya que se trata de un tema tabú, poco se habla sobre las alergias alimentarias y existe mucha desinformación al respecto, incluso muchos pediatras lo desconocen y esto complica el diagnóstico, lo que lleva a la gran mayoría de padres de niños alérgicos a vivir procesos largos de mucha angustia.
Mi historia

En mi caso, desde que mi hija tenía algunos meses de nacida tuvo muchos cólicos y el pediatra me decía que era normal. Conforme pasó el tiempo comenzó a tener problemas para dormir, despertaba fácilmente, se mostraba irritable y llegó un momento en el que ya no quería comer, pese a que la lactaba, el pediatra me dijo que los cólicos eran normales y que seguramente mi leche no le servía, y entonces me pregunté si realmente mi leche no le servía, cuando en realidad dicen que la leche materna es lo mejor para los bebés.
Comenzaron entonces toda una serie de angustias: la angustia de no estar alimentando bien a mi hija, la frustración de ver que no come y que seguramente no está bien alimentada y la culpa de no poder ofrecerle lo mejor para que esté bien; mi instinto me decía que no dejara de amamantarla y así fué, buscamos otras opiniones médicas y se le diagnosticó reflujo, tuvo tratamiento para ello y estuvo controlada por periodos largos de tiempo, pero después volvían las crisis de cólicos, dificultad para dormir, irritabilidad y falta de apetito, se nos dijo que era normal y que con el tiempo el reflujo iría desapareciendo.
Cuando sentía que todo iba bien, de repente regresábamos y la angustia, la frustración y la culpa aparecían nuevamente, pues no sabía realmente que necesitaba mi hija; a los 11 meses el pediatra me dijo que le diera huevo, desde las primeras veces que lo probó yo me percaté que se le irritaba la piel de una de sus mejillas, pero el médico me dijo que si la reacción no era inmediata, no podría tratarse de una alergia. Ahora sé que hay reacciones tardías, al cumplir el año nos dijeron que ya podía comer de todo ¿y por qué no? en su primer fiesta de cumpleaños comió de todo, incluido el pastel, su mejilla cada vez se le veía más roja, se le hizo como una especie de chapa roja enorme y conforme pasaba el tiempo parecía como si se le ampulara, buscamos a una gastroenteróloga que finalmente hizo un diagnóstico de Alergia alimentaria y después de 7 meses de angustia, de preguntas, de frustraciones y mucha culpa sentí que encontramos la luz.
La alergóloga que la atendió le hizo pruebas de parches y nos dijo que tenía alergia a leche, huevo, trigo, maíz y soya, cuando escuché eso, lo primero que pensé fue: ¿y ahora que le voy a dar de comer? nuevamente vuelve la angustia y después comienzo a rememorar todo el primer año y me siento culpable, pues le estuve dando de comer muchas de las cosas que le hacían reacción alérgica, en ese momento inicié un proceso de duelo, pensaba en todo lo que mi hija no podría comer y como lo viviría, después de algunos días entendí que ella no estaba perdiendo nada, pues muchos alimentos no los había probado aún y que si restringir su consumo la llevaría a estar bien todos estaríamos bien.

Cambiamos nuestros hábitos alimenticios y nos regimos con la dieta de ella, pero resulta que pese a las restricciones las reacciones continuaban, nuevamente era como regresar, la sensación de que cuando las cosas van mejorando de repente algo pasa y regresamos, frustración y angustia nuevamente ¿entonces qué será?, en un grupo de apoyo en internet me dieron la referencia de otra alergóloga y nuevamente iniciamos, está vez con mayor claridad, se nos explicó que hay reacciones cruzadas, que mi hija además de las alergias que ya se le habían diagnosticado, tenía alergia a las profilinas que se encuentran en algunas frutas y verduras y que las leguminosas le hacen reacción cruzada, más alimentos restringidos y nuevamente surge la pregunta ¿qué le voy a dar de comer? finalmente esta Doctora nos aclaró el panorama y nos ha acompañado en este camino difícil, pero no imposible, ya que existen muchas opciones para las personas que tienen alergias alimentarias.
Hemos aprendido a vivir con las alergias, no es un camino fácil, pero cada vez que tenemos citas de control escucho muchas historias de otras mamás muy similares, donde los diagnósticos no son acertados, son procesos largos que desencadenan mucha angustia y frustración; en el fondo existe en muchas de estas mamás, la fantasía inconsciente de que sus hijos son alérgicos a ellas y ésta se refuerza en lo cotidiano al enfrentarnos a un grupo social desinformado que juzga a estas mamás como exageradas, payasas o sobreprotectoras.
Pero en realidad de no ser así día con día nos enfrentaríamos a las reacciones alérgicas de nuestros hijos y no es fácil, salir, implica llevar siempre los alimentos preparados, porque en muchos restaurantes se hace uso de la leche, soya o trigo para la preparación de los alimentos, se requiere de mucha paciencia, constancia y creatividad para buscar opciones de alimentos.
Interacción social
En México y en muchos otros países las reuniones sociales giran en torno a los alimentos, integrarse a ello también implica un reto para nosotros, pues de pronto se encuentra uno rodeado de muchos alimentos que son alérgenos y en vez de disfrutar de las reuniones se vuelven momentos de angustia, pero también se aprende a lidiar con esto, las alergias no son motivo de exclusión definitivamente, tenemos que encontrar la manera de integrar a los niños y buscar alternativas para ellos.
Es importante considerar que como madres y padres de niños alérgicos día con día tenemos que promover el autocuidado, no podemos negarles sus alergias, al contrario tienen que aprender a vivir con ellas y esto implica rechazar los alimentos que les hacen reacción alérgica, encontrar nuevas formas de relacionarse, sin que exista la comida de por medio y ayudarlos a integrarse ofreciendo alternativas para ellos; esto les permitirá tomar conciencia desde temprana edad de la responsabilidad del cuidado de su salud y el valor de su vida a través de un estilo de vida saludable, lo que más tarde les permitirá ser asertivos al tomar decisiones con plena conciencia a lo largo de su vida.
Como sociedad todos tenemos mucho que hacer para prevenir las alergias, en primer lugar es importantísimo considerar la sugerencia de la OMS de no ofrecer alimentos sólidos a los lactantes antes de los 6 meses, no ofrecer huevo, chocolate y fresas antes de los dos años, tratar de generar hábitos alimenticios saludables en las familias, para que los niños y niñas vayan aprendiendo a cuidar de su cuerpo a través del consumo saludable de alimentos.
Si tu hijo o hija tiene algún tipo de alergia alimentaria considera lo siguiente:
  • Recuerda que no hay culpables, tu hijo o hija es alérgico por una cuestión genética, no porque tú lo hayas propiciado.
  • Acude con un alergólogo.
  • Busca grupos de apoyo de padres de niños con alergias alimentarias, ellos te pueden dar ideas de recetas u orientarte para saber en dónde buscar alimentos adecuados para tu hijo o hija.
  • Haz una red social con tu familia y amigos para que te sientas acompañada o acompañado.
  • No se aíslen, busquen la manera de integrarse a la sociedad, cuando acudan a fiestas infantiles investiga que ofrecerán para comer y trata de hacerle algo similar a tu hijo con los alimentos que puede consumir, prepara alguna bolsa de dulces que pueda comer, para que le sea entregada, existen muchas posibilidades.
  • Hazle saber que es alérgico a ciertos alimentos y muéstrale que sucede si come alguno de ellos, para que haga conciencia de lo que sucede en su cuerpo y aprenda a cuidarse y rechazar aquello que le hace daño.
  • La constancia es muy importante, hay momentos en los que sentimos que retrocedemos y nos frustramos, pero es muy importante, tomar fuerzas para volver a empezar y mantener esa constancia en el cuidado de la alimentación.
  • Si en algún momento sientes que por más esfuerzos que haces la angustia, la frustración o la culpa te rebasan, busca apoyo a través de la psicoterapia.
Las alergias alimentarias son cada vez más frecuentes y si bien es cierto que colocan a padres e hijos en situaciones de difícil manejo, si las miramos de una manera positiva, se vuelven una gran oportunidad para que hagamos un cambio en nuestras familias a través de los hábitos alimenticios, consumiendo alimentos más naturales y sanos, rechazando todo aquello que hace daño a nuestro organismo y no precisamente porque nos provoque alergia, sino simplemente porque es dañino para nuestra salud, recordemos que el autocuidado es una de las mejores maneras de demostrar el aprecio que sentimos por nosotros mismos y por tanto de alimentar positivamente nuestra autoestima.
 
Alejandra García Martinez

Alejandra García Martinez

Psicoterapeuta Infantil

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