Por más inusual que parezca, algunas personas cotidianamente tienen recuerdos que solo guardan para ellos de relaciones amorosas que vivieron en otros momentos de su vida.  Para algunos estos recuerdos no se desvanecen incluso cuando han logrado tener relaciones de pareja que son satisfactorias y cuando al comparar entre su pareja actual y alguna persona que han amado en el pasado, no logran entender porque la relación anterior les parece más significativa que la que tienen en ese momento. Tener sentimientos así les hace sentir culpa y les dificultan acoplarse a la buena fortuna que pueden tener con alguien más.

Estos recuerdos son tanto de las cosas buenas como de las cosas tormentosas de la relación anterior; siendo esta última una de las características definitorias que casi siempre tiene la relación que no se puede olvidar: son relaciones entrañables, pero que fundamentalmente fueron muy dolorosas.

Normalmente dejaron muchas preguntas sin contestar y el recuerdo exalta los aspectos positivos de la pareja sacándolos un poco de la realidad y haciéndolos parecer como ejemplos de un amor verdadero difícil de replicar. A pesar de ser solo fantaseados, estos ideales pueden llenar a la persona más allá de cualquier satisfacción presente.

La relación , en su momento, usualmente empezó con una identificación muy fuerte entre los miembros de la pareja, haciéndolos sentir que estaban con alguien que los completaba de forma casi perfecta, derivando en momentos de mucha plenitud los cuales motivan a no terminar la relación en el futuro, sobre todo porque contrariamente a lo esperado, la relación suele causar mucho dolor e incluso es muy probable que ésta terminara debido a que alguna de las dos partes consideró que el dolor ya era demasiado difícil de tolerar, por lo que sin necesariamente haber llegado a solucionar el conflicto entre los dos, la relación se termina con el fin de obtener cierto alivio.

El dolor normalmente es causado por celos y reproches enfocados a la falta de incomprensión que demuestra uno por el otro, ya que al “amarse tanto”, todo el tiempo se teme perder al otro y a la vez se le exige que sea ese modelo de amor perfecto que usualmente fueron cuando recién se conocieron.

Una vez terminada la relación, este vínculo simbólico perdura en el tiempo cargado de pensamientos de tristeza y enojo -además de los momentos de felicidad que se añoran- dirigidos hacia la pareja anterior como a sí mismo. La pareja se recuerda con alguien que en se cree ha podido seguir con su vida y que es indiferente a todo lo que significó la relación. Oculto bajo este pensamiento se encuentran cuestionamientos como ¿También se acordará de mí?, ¿extrañará la relación?, ¿en verdad me quiso?. Normalmente la contestación automática a estas preguntas es negativa. Esto lleva a la persona a enojarse consigo mismo y a sentir que ella es la única que recuerda lo que vivieron y que por ello es débil frente a la persona que en otro momento amó.

La imagen de sí mismo esta distorsionada en muchos casos y la relación normalmente fue muy dominante por ambas partes en su momento. No únicamente por parte del otro, como la persona normalmente recuerda. La relación finalmente llega a su “término” cuando se gana confianza para aceptar el papel vulnerable frente a la persona que se amó y se acepta la responsabilidad del daño que también se causó al otro. En ese momento el vínculo de agresión mutua que ha hecho sufrir a la persona por tanto tiempo puede diluirse para finamente entender que los dos estaban – y permanecen actualmente-, en igualdad de condiciones respecto a la relación que vivieron.

David Jurado Cárdenas

David Jurado Cárdenas

Doctor en Psicología

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