Durante el trabajo en el consultorio una situación que motiva preguntas por su naturaleza, es la demanda de algunas pacientes mujeres adultas, profesionistas e independientes económicamente, quienes mantienen un crecimiento laboral que genera admiración en su entorno, sin embargo, se enfrentan a la dificultad para elegir pareja, como a una cuestión que parece insalvable. Acuden con la demanda de solución porque les genera dolor, incomodidad y muchas veces se les vuelve insoportable.

Manifiestan su deseo de establecer una pareja que les permita formar una familia, sin embargo, se vinculan con hombres que, por diversas circunstancias, no comparten el mismo deseo, es decir mujeres que hacen una elección de pareja fallida acompañada de sufrimiento constante.

¿Cuál es la razón por la que su deseo de formalizar una relación estable de pareja, no puede ser alcanzado?

En la escucha establecida en el dispositivo de la psicoterapia psicoanalítica, se pone de manifiesto el impacto de diversos factores que influyeron la formación psíquica de estas mujeres, entre ellos; las vivencias infantiles, la calidad de los vínculos establecidos principalmente con las figuras paternas, hermanos y demás personas cercanas, la relación que se establece entre los padres porque constituye un modelo a seguir, determinando la manera en que cada mujer va construyendo su definición del amor, además de lo tolerable e intolerable en el otro.

Esta amalgama produce muchas veces la existencia de un conflicto entre el deseo inconsciente de fallar la elección de pareja y el consciente de formar una familia, en donde el primero obedece a cuestiones intrapsíquicas. Y el segundo es influido por el contexto social en el que se observa aun la vigencia del esquema patriarcal también estructurante de la identidad femenina.

El contexto social y la subjetividad femenina

Para comprender la feminidad y la dificultad que enfrentan estas mujeres jóvenes en la elección de pareja es necesario comprender el contexto de la feminidad a lo largo de la historia, donde el ejercicio de lo femenino y masculino se ha dado a partir de dos áreas de acción para hombres y mujeres: para los hombres, el poder racional y poder económico; para las mujeres, el poder de los afectos.

Promoviendo la configuración de ciertos roles de género específicamente femeninos, vigentes aun en nuestros tiempos:

  • Rol esposa; suponiendo para su desempeño la docilidad, comprensión, generosidad.
  • Rol maternal; asociado con la amorosidad, altruismo, capacidad de contención emocional.
  • Ama de casa; disposición sumisa para servir, receptividad y ciertos modos inhibidos, controlables y aceptables de agresividad y de dominación para el manejo de la vida doméstica.

Con la modernidad los cambios en el orden social y económico, las mujeres incursionan en nuevas actividades, haciendo que los roles de género femeninos tradicionales fueran cuestionados en su funcionalidad.

Esta crisis del sentido tradicional otorgado a los roles de género femeninos, también implicó una puesta en crisis de la subjetividad femenina que habían estado construyendo las mujeres hasta entonces; Diversas teorías comenzaron a cuestionar y observan las fallas, abusos o incumplimiento en el ejercicio del poder afectivo; madres esquizofrenizantes, patógenas, simbiotizante, entre otras.

Produciendo así, dificultades relacionados con el cuestionamiento acerca de la valía de los roles femeninos tradicionales, visibilizando cuadros clínicos, asociados a los estados depresivos, caracterizados como «neurosis del ama de casa», «síndrome del nido vacío», «depresión de mujeres de mediana edad», «crisis de la edad media de la vida», etc.

Por lo tanto, en respuesta a esta experiencia de vida algunas mujeres comienzan a ejercer nuevos roles de género Transicionales o Innovadoras como un intento para enfrentar esta problemática con otros recursos que les permitirían lograr mayor movilidad pulsional (pueden buscar otras actividades motivacionales). Tratando de encontrar otras salidas o resoluciones al estancamiento vivenciado al solo satisfacer las necesidades de otros.

Lo que se observa en las mujeres hoy en la clínica en estas generaciones es que se enfrentan un momento sin o con pocos referentes: Por un lado, llama mucho la atención que la mayoría de estas pacientes crecen en entornos sociales tradicionales, pero las madres o padres desean para sus hijas un destino distinto. Es decir, idealmente les impulsan a incursionar en nuevos roles, vinculados con el éxito entendido como la independencia económica y el ejercicio profesional principalmente. Sin embargo, paradójicamente esperan al mismo tiempo conservar los anteriores. De tal forma que cuando una de estas mujeres expresa su deseo de vivir su feminidad fuera de las esferas; esposa, madre o ama de casa. Las madres cuestionan o incluso desaprueban a sus hijas. La familia extensa muchas veces participa de estos cuestionamientos o desaprobación.

El resultado es que hoy las mujeres intentan cubrirlo todo “la mujer maravilla”; ahora es la mujer que intenta tener superpoderes y ser profesional, exitosa, madre, esposa, amiga, ama de casa, etc. por un lado buscan conocerse a si mismas buscando su propio sentido de vida, rompiendo con los estándares establecidos al participar en el ámbito laboral. Y por otro conciliar los aprendizajes sociales más sutiles y a veces imperceptibles de lo tradicional.

En un determinado momento surgen temas modernos como el fenómeno denominado “techo de cristal” una problemática de las mujeres que han logrado encontrar una fuente de satisfacción en su carrera laboral. Y hace referencia a las limitaciones invisibles que frenan o paralizan el crecimiento profesional como son:

  1. Responsabilidades domésticas; esposa, madre y ama de casa. Es muy frecuente escuchar a mujeres elegir una posición laboral determinada que les permita cuidar de los hijos.
  2. La incompatibilidad de los afectos que se experimentan en el mundo laboral: las mujeres con creencias sobre la sensibilidad, calidez, etc., se sienten fuera de contexto con afectos más acorde a la competencia empresarial. Para continuar suelen identificarse con estilos afectivos supuestos masculinos.
  3. La incompatibilidad de los roles femeninos y el ejercicio de poder.
  4. Falta de referentes femeninos, en este sentido cada vez hay más.

El resultado es que, para atravesar estas limitaciones invisibles muchas veces autoimpuestas, rompen con características consideradas propias de la feminidad. Esto implica el ejercicio de poder económico y social, capacidad en la toma de decisiones, cambios en la expresión afectiva, entre otras características muchas de ellas asociadas a lo masculino. Dejando trastocada su concepción acerca de su propia feminidad.

Por otro lado, la exigencia a la pareja también es ambivalente, en donde desea tener a un hombre que ejerce algunos roles de una masculinidad tradicional, como el cuidado, protección etc. Y además desea también que ejerza una masculinidad transicional como la posibilidad de incursionar en el ejercicio afectivo, las responsabilidades domésticas, entre otras.

Los factores inconscientes de la elección fallida de pareja

La primera relación que se establece en la vida determina la forma en que la hija se relacionará en el futuro, teniendo un impacto en la elección de pareja, pues tenderán a elegir hombres con ciertas similitudes en su respuesta emocional con sus figuras paternas. Y en este punto vale la reflexión sobre el ejercicio del estilo de feminidad o masculinidad de los padres porque es justo el punto que genera conflicto. Por un lado, deseºan encontrar una pareja que ejerza roles transicionales, sin embargo, sus identificaciones son con estilos tradicionales.

En una relación de pareja ambos integrantes obtienen gratificación de ciertas necesidades psíquicas, y estas incluso pueden estar relacionadas con el dolor. En este sentido Velasco (2004) señala:

“Si se considera el modelo explicativo de la teoría de las relaciones de objeto, puede señalarse que en una relación de pareja puede aparecer el compañero(a) como un depositario de las proyecciones de las relaciones de objeto internalizadas, siendo el emisor a la vez objeto de las necesidades del receptor, mecanismo que implica un constante intercambio de necesidades objetales de ambos.”[1]

En la relación de pareja cada integrante pone en juego lo que reconoce de si mismo, validando la autoestima al confirmar los saberes sobre si mismo en la interacción con el otro. En este sentido “Los rasgos de carácter y las necesidades que se confirman de manera constante y flexible dan lugar a una relación funcional. Cuando estos rasgos se desconfirman de manera sistemática y repetitiva, es cuando sobrevienen las crisis de pareja.” Velasco (2004, p.40)

En conclusión, el éxito en estas mujeres se convierte en su fortaleza y vulnerabilidad. La satisfacción alcanzada con el crecimiento profesional les provee una salida en busca de su propio deseo, de lo que quiere ser y hacer. Sin embargo así también le exige nuevas formas de vinculación, con las que muchas veces entra en conflicto, por sus identificaciones inconscientes y sociales.

Por otra parte, la renuncia a elegir hombres que ejercen formas de masculinidad tradicionales a veces incluso sutiles puede ser desesperanzador, siendo invadidas por la convicción de que no existe un hombre con el que puedan compartir la vida.

Finalmente, las mujeres hoy en día se están reinventando; no son perfectas, ni dueñas de la razón, por ello es liberador descubrir que no existen los caminos correctos parte de los logros de la psicoterapia son descubrir su propia forma de ser mujer y elegir o no, la maternidad, la vida en pareja, el desarrollo profesional y laboral, etc.  Aceptar la imperfección es también parte del camino a la resignificación del amor, la vida en pareja y la identidad.

 

[1] Velasco F. “Parejas en conflicto, conflictos de pareja” Ed. Editores de textos mexicanos. P. 39

Tania Solís Herrera

Tania Solís Herrera

Psicoterapeuta Psicoanalítica

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