Desde que iniciamos la educación escolar estamos en contacto con tantos personajes con los que nos vinculamos de diferentes maneras ; puede ser la nana en preescolar, la enfermera, un maestro con el que tuvimos pesadillas u otro maestro que en su momento cumplía algunas funciones de cuidado físico y emocional.

Pasamos cerca de 40 horas a la semana  en la escuela primaria y las horas se aumentan en preparatoria, siendo esto así, sería complicado pensar a la escuela sin vínculos emocionales significativos.

En mi experiencia como psicóloga, he trabajado en escuelas primarias, preparatorias y profesional y en estos grados he notado siempre que los alumnos requieren de un vínculo positivo tanto con la institución académica  como con los profesores y el personal escolar, para lograr buenos resultados en su formación académica, emocional y social.

¿Cuántos veces nosotros recurrimos al consejo de algún profesor, porque confiábamos más en ellos que en nuestros padres?… es justo por eso la importancia de estos personas en el desarrollo emocional. Pero también recordamos algunos malos juicios o críticas que nos hicieron y se nos quedan grabadas, hasta que logramos cuestionar si esto es verdad o no.

Actualmente soy tutora de una preparatoria privada, en la que mi función es amplia y rica en actividades. La base del tutoreo es acompañar a los adolescentes en el descubrimiento y consolidación de su personalidad.  Ayudarlos a que aprendan a tomar decisiones asertivas, cultivar la inteligencia emocional y que puedan ver más allá de ellos y ayudar a la sociedad.

Si bien, los adolescentes suelen estar peleados con los adultos  y algunos adultos con los adolescentes, es posible entablar un vínculo entre ambas partes que funcione como guía, a veces inspiración y otra veces un Yo auxiliar.

¿Cómo se crea la confianza con un adolescente para que hable?

Evita fingir ser su amigos: los adolescentes no necesitan más amigos, ni papás… ya tienen los propios… la figura de un tutor formal o por casualidad es aquel que puede escuchar a los chicos:

  • Sin hacer juicios
  • Interesándose en lo que ellos sientes y cómo interpretan las cosas
  • Evita los sermones… a los 3 min ya no te escuchan
  • Cuando se dan cuenta que el adulto No los quiere atacar y que inclusive podría tener algunas respuestas a sus dudas, bajan la guardia y te dejan entrar a su mundo.

Elige bien tus palabras: es un equilibrio, entre conocer qué tipo de palabras y expresiones ocupan ellos, pero evita ocuparlos tú… en ese momento los adolescentes piensan: “qué ridículo, qué payaso, se quiere hacer el chistoso”.

            Los juicios que se hagan, son como alfileres clavados, sienten permanentemente el dolor y en los momentos de crisis los recuerdan con mayor intensidad:

Frases como: “es que tú no sabes lo que es la vida”, “cuando crezcas vas a saber”, “yo a tu edad ya hacía…”, “estás en la edad de la punzada, aborrecencia etc”.

Secretos pero No cómplices: la clave está en dejarlos claro que como adultos siempre les van a decir a ellos, los adolescentes, cuando se estén equivocando y que si se considera que su bienestar esté en riesgo, entonces se tendrán que tomar medidas de precaución, como avisarle a sus padres. Justo esto es lo que lleva a muchos chicos a buscarte para pedirte ayuda para sus compañeros, pues saben que tienen algún trastorno alimenticio, cutting, violencia (en el noviazgo, amistad, bullying, familiar), y confían en que tú podrás ayudar a resolver o contener emocionalmente al chico involucrado.

Atiene lo más pronto posible: el adolescente tiene una alteración normal en la percepción del tiempo… estar en una fiesta puede pasar en un segundo, pero la clase que les choca seles hace eterna. Cuando un adolescente pide ayuda, se le tiene que escuchar lo más pronto posible… a veces, con un par de horas o días, se sobreponen a la situación angustiante y entonces ellos viven esta situación como si el adulto no les prestara interés.

Como adultos, el trabajo con adolescentes, nos remite de inmediato a nuestra propia adolescencia  y es básico tener elaborado el duelo por esa etapa para no “engancharse negativamente” con aquellos teens que nos confronten con nuestra historia o con la historia de algún amigo y hasta novio.

El adolescente se siente omnipotente , es parte normal de su etapa, pero el adulto es el que debe hacer la función de realidad en su vida, justo por eso no siempre somos tan agradables para ellos, pero todo límite (bien puesto) es un acto de amor… un acto de amor por que los previene de ponerse en riesgo, es un continente a sus pulsiones y les ayuda a metabolizar el tsunami de emociones de los que son presas, es más, justo les podemos ayudar a dominar esas pulsiones para que ellos sean los jinetes.

El tutor es un tejedor… nos llegan los adolescentes como una maraña de estambre, no sabemos en donde inicia esa historia, y con la paciencia y cuidado de un neurocirujano, debemos ir aflojando esa madeja y empezarla a tejer, por lo general, y sin darnos cuenta, utilizamos nuestro propio yo como estructura para después pasarles a ellos el mando para que sigan tejiendo y construyendo su vida.

 

Silvia Carrillo

Psicoterapeuta Psicoanalítica

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