El acoso escolar o mejor conocido como Bullying es otra de las formas en que se manifiesta la agresión humana, sin embargo, es un tipo de agresión muy particular ya que se utiliza con fines de dominio, crueldad y sumisión del otro, por ello se puede considerar como un tipo de agresión al servicio de la pulsión de muerte.

Twemlow y Sacco (2013) definen al bullying como un proceso social universal disfuncional ¿pero qué significa esto? Se puede decir que el bullying surge de cualquier clase de relación en la que se experimenta opresión por medio del poder del otro, violencia, crueldad y perversidad, lo que necesariamente convierte a uno en tirano y al otro en su víctima. Se manifiesta mediante personas quienes pueden tomar el papel de agresores, testigos y víctimas, dependiendo de diversos factores. Estas tres formas en las que se manifiesta el bullying son síntomas de este tipo de disfunción y no sus causas.

El bullying siempre ha existido pero sin embargo ahora se sabe más acerca de su ocurrencia por las redes sociales. Aunado al hecho de que se manifiesta de forma extensiva haciendo aun mayor la dimensión de su alcance y daño.

Buscando entender las causas del Bullying es necesario remitirnos a las relaciones fundantes de la psique humana, las relaciones de los padres con sus hijos. Algunas de las funciones que corresponden a los padres son contener, filtrar, matizar y canalizar las emociones experimentadas por sus hijos, es decir, tristeza, enojo, alegría y miedo.

Si los padres contienen estas emociones evitan que el infante se inunde de todas ellas. Si logran filtrarlas y matizarlas transmiten la justa medida en que se tendría que experimentar de acuerdo a la realidad. Finalmente cuando le apoyan a canalizarlas aprende forma adecuadas de expresión para las mismas. Dentro de estas emociones tenemos el enojo que está directamente vinculado con la agresión y la pulsión de muerte. La agresión se puede manifestar en muy diversas formas, de hecho la agresión es necesaria para la supervivencia humana, no obstante esta agresión de alguna forma es una agresión neutralizada que sirve a los fines de la vida y su conservación. Existe además otro tipo de agresión que no llega a estar neutralizada y cuyo principal propósito es la descarga y la destrucción sin importar las consecuencias.

Cuando hablamos de esta agresión no neutralizada me refiero específicamente a la que provienen de la pulsión de muerte que no esta desprovista de su parte destructiva.

Freud en 1920 fue el primero en referirse a la Pulsión de muerte y más tarde Melanie Klein (1952) mencionó que la acción interna de ésta pulsión produce lo que se conoce como el temor de aniquilamiento, cuya presencia es entonces la causa primaria de la ansiedad persecutoria.

Este temor de aniquilamiento presente desde el nacimiento, se tiende a proyectar, es decir, a poner en las personas y en el medio ambiente que nos rodea, con el objetivo de evitar el propio aniquilamiento y la destrucción. Los padres de alguna forma lo metabolizan devolviendo al bebé su deseo de que esté vivo, es decir de alguna forma lo contrarrestan, filtran y tamizan. El infante poco a poco aprende a manejar este temor, en la medida en que ya no lo experimenta de manera directa y se siente a salvo de él pues es continuamente contrarrestado por el afecto y la tolerancia de los padres.

En los casos en los cuales el temor de aniquilamiento no tiene un contrapeso con la vida y el deseo de la misma, este temor permanece en el bebé quien al crecer tiende a estarlo proyectando en los demás para evitar ser destruido, para no sentirse perseguido, y es ahí donde puede estar percibiendo a los demás como posibles agresores y eso lo podría llevarlo a agredir a otros.

En otros casos la pulsión de muerte poco neutralizada mediante una relación parental suficientemente buena puede llevar a que la persona se encuentre deprimida y este temor de aniquilamiento inconsciente se convierte en una búsqueda continua de la autodestrucción.

Otra de las posibilidades es que al temor de aniquilamiento propio del niño se sume una relación con los padres cargada de agresión no neutralizada que se dirige y actúa directamente con los pequeños.
En cada familia la relación entre padres e hijos es una relación en donde existe una asimetría de poder, el niño acepta las reglas, los cuidados, las formas en que sienten y expresan las emociones. En algunas familias se promueve el reconocimiento de emociones y se buscan formas de entender, resolver y reaccionar frente a las vivencias de cada día.

En otras familias, algunos padres en quienes la pulsión de muerte se encuentra sin estar neutralizada, en general no pueden percibir sus propias emociones, ni contener las de sus hijos, por lo cual tienden a agredirlos y proyectarles partes de sí mismos que no conocen, que no aceptan, que les molestan, que los lastiman y así se convierten en victimarios de sus hijos al compararlos, humillarlos, maltratarlos y devaluarlos.

Por ejemplo, un padre que fue maltratado por sus propios padres puede ser un hombre pasivo y muy tolerante, al mismo tiempo que no puede establecer límites a su hijo dejándolo reaccionar de forma intensa y cruel cuando se siente frustrado. En este ejemplo veríamos el surgimiento de un agresor.
Retomado este mismo ejemplo, este padre maltratado se convierte en un agresor con su hijo a quien finalmente convierte en una víctima, este niño acudirá a la escuela y jugará el papel de agresor o el de víctima.

La situación se complica aún más si pensamos que ambos padres reaccionan igual frente al niño ya sea agrediéndolo o tolerándole sus rabietas sin control, en estos casos el niño no puede acceder a ninguna otra forma de reaccionar más que las conocidas: agresor o víctima.
En los casos en que uno de los padres es el que ejerce la violencia y el otro se queda callado, pasivamente aceptándola, juega frente a su hijo el papel del testigo y cómplice de la agresión, que más adelante el hijo podrá también ejercer en su vida.

Hasta aquí ya vimos que basta con que en la familia existan estos 3 miembros para que quede en cada uno de ellos la posibilidad de actuar como agresores, testigos o víctimas.
La situación se complica aún más cuando en algunas familias, se le otorga mayor valor o poder a alguno de los hermanos por encima del resto, esto implica poner a los hermanos en una situación de desigualdad que incrementa la rivalidad generando una lucha de poder y con ello el establecimiento de agresores, víctimas o testigos.

Generalmente el agresor proyecta en la víctima sus partes débiles y rechazadas de las que no se puede hacer cargo y así ya no tiene que lidiar con ellas. Por su parte la víctima puede ceder al otro su parte victimaria sometiéndose.

Fue Freud (1919) cuando escribió Pegan a un niño, quien nos hace notar el placer que se experimenta cuando se ve que es al otro al que le pegan y no a uno mismo, es ahí donde podemos ver lo que experimentan los que juegan el papel de testigos.

Hablando de Bullying no solo podemos hablar del escolar, sin más bien tendríamos que empezar por hablar del bullying parental, del bullying familiar. El bullying proviene entonces de una relación cargada de agresión no neutralizada que se establece desde la primera infancia dentro del núcleo familiar y que puede en un futuro se reprimida, denegada y posteriormente actuada.

Como se puede ver esta situación vivida dentro del núcleo familiar se desplazad al ámbito escolar, donde aquel que era víctima repite el patrón de serlo, otro se convierte ahora en un victimario, mientras muchos otros son testigos de la violencia contra otros y se quedan ahí mirando como “cuando pegan a un niño”.

Aún falta mucho por explorar y comprender de este tema, este escrito es solo una breve introducción al mismo.

Bibliografía
Freud S (1919) “Pegan a un niño”. Obras Completas, 17. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1976
Freud, S. (1920) “Más allá del Principio del Placer” Obras Completas, 18. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1976
Klein, M. (1987) Envidia y Gratitud y otros trabajos. “Algunas conclusiones teóricas sobre la vida emocional del Bebé” Obras Completas 3. Paidós Barcelona pp. 70-101
Twemlow S, & Sacco F (2013) Bullying is everywhere: Ten Universal Truths about Bullying as a Social Process in Schools and Communities Psychoanalytic Inquiry 33(2): 73-89

Jaqueline Trejo Güitrón

Jaqueline Trejo Güitrón

Psicoanalista

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