La trascendencia de una madre es acunar en la ausencia

“Sentimientos nostálgicos nos inundan este 10 de mayo para quienes no tenemos la presencia física de nuestras hijas e hijos. Somos madres por elección… madres invisibles. Juntas, empoderémonos ante la indiferencia de una sociedad que no nos ve, que no nos oye…”.

Ésta es una frase de las muchas que se publican en la fan page de MISS-Eca, Red de Apoyo ante la Muerte Gestacional y de la Niñez Temprana. Un texto publicado un 10 de mayo, como una forma de acompañarse las unas a las otras en esta fecha llena de emotividad y de buenos deseos, pero que para muchas mujeres es una de las más difíciles y dolorosas porque sus hijas o hijos murieron.

Hay madres que sobreviven el día a día con el recuerdo de quienes partieron apenas vieron la luz, de aquellos bebés que murieron en la etapa de gestación, en el parto o después de que nacieron. Esas mamás que oyeron decir el “ya no hay latido”, quienes se quedaron llenas de amor y esperanza, quienes vieron truncados sus proyectos de vida con esos bebés, quienes maternan con los brazos vacíos.

Madres invisibles para una sociedad que no entiende que el título de madre no se acaba con la muerte, que aunque tengan otras hijas o hijos, sufren la ausencia de ese bebé que no se quedó. Madres que aún tienen las secuelas del maltrato y la indiferencia de los hospitales.

En nuestro país, el festejo del Día de las Madres suele ser de las fechas más festivas. Culturalmente, en México a la madre se le enaltece, se le honra. En la mayoría de las familias el matriarcado es la figura que prevalece.

El Día de las Madres es una fecha de festejo, la fecha ideal para expresar nuestros sentimientos a quienes nos dieron vida, y quienes son madres, dedican este día a compartir diversas actividades con sus hijas e hijos.

¿Pero qué pasa con esas mujeres cuyas hijas o hijos fallecieron? ¿Qué pasa con aquellas quienes esperaban dar vida y llegó la muerte?

Son madres invisibles, a quienes no se les toma en cuenta en este día festivo y de reconocimiento a las mujeres que dieron vida. Estas mujeres en muchos casos viven el 10 de mayo en soledad, pues no se les reconoce como madres, incluso en la familia, pues se cree que al morir sus bebés dejan de tener el título de madre, aunque ellas se sienten y se identifican como madres, pues gestaron una vida, recorrieron un camino con su hija o hijo deseado… amado; aunque este camino haya sido corto, el amor por un hijo o hija no se acaba con la muerte.

En el ámbito laboral, la situación es similar. En algunos lugares de trabajo se les otorga un día de descanso o se les organizan desayunos o comidas para festejarlas. A quienes pasaron por una muerte gestacional o neonatal no se les toma en cuenta. Son relegadas pues no se les considera madres, un episodio muy doloroso para ellas, aunado a toda la carga de dolor y sufrimiento por ese bebé que no se quedó, principalmente para aquellas cuyo proceso de duelo apenas comienza.

Reconozcamos, pues, a aquellas mujeres que este 10 de mayo no recibirán ninguna felicitación. Respetemos su sentir, su reconocimiento como madres si ellas así lo desean. Porque maternar en la muerte es un acto heroico.

Mónica Díaz

Mónica Díaz

Coordinadora Miss Eca Red de Apoyo para la muerte Gestacional y Neonatal- CDMX

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