La representación simbólica del temblor en el mundo interno.

La tarde del 19 de septiembre del 2017, un terremoto sacudió la Ciudad de México sus habitantes, sintieron derrumbar la confianza depositada en los gigantes de concreto y varilla que han servido de hogar, centros de trabajo o escuelas. En un instante el terror de observar “la caída” ya fuera de objetos o edificios completos despertó el miedo de muerte, confrontando la fantasía de seguridad depositada en lo cotidiano, en todo lo aprendido y en lo que se da por hecho.

La realidad del desastre natural, debido a lo violento e inesperado, implica pérdida de vidas humanas y/o bienes materiales, produciendo una respuesta generalizada de emociones agitadas.

Como afuera, en lo interno se derrumban la energía vital, la confianza de logro, la esperanza, los proyectos, etc., provocando un polvorín de emociones; ansiedad, angustia, miedo, dolor, desesperanza, consternación, shock, entre muchas más. Las reacciones dependen de la historia de vida de cada persona, sus recursos emocionales y las pérdidas asociadas al evento; la muerte de un ser querido, pérdida de salud, el derrumbe de su casa o la imposibilidad de volver a habitarla.

En la vida emocional no existe la posibilidad de cuantificar el impacto, pero aún las pérdidas materiales en estos casos tienen un efecto importante según sean los afectos depositados en ellos. En relación a los desastres naturales Bellak señala, “El incidente actual se tiene que comprender en términos de sus distorsiones aperceptivas, producto de todos los sucesos anteriores de su vida, ya que cualquier suceso catastrófico tendrá diferentes significados para cada persona.” (1993)

Cabe señalar el principal fenómeno ocurrido en el mundo interno es la angustia de muerte, en este sentido para algunos solo prevaleció la fantasía de morir, por ejemplo para quienes solo sintieron el brusco movimiento y quizá observaron objetos caer o crujir los muros. Muy distinto de la fantasía es la posibilidad real de morir, por ejemplo, de quienes presenciaron el derrumbe de un edificio o estuvieron en uno.

Es decir, de acuerdo a la experiencia circunstancial e individual, se experimenta la fantasía de morir o la posibilidad real de muerte.

La angustia de muerte señala Freud, «Mi opinión es que la angustia de muerte se desarrolla entre el yo y el superyó. … El superyó subroga la función protectora y salvadora que antes el padre y luego la providencia o el destino. Pero el yo no puede sino extraer la misma conclusión cuando se encuentra ante un peligro real de una magnitud excesiva y que no cree poder vencer con sus propias fuerzas. Se ve abandonado por todos los poderes protectores y se deja morir. Ésta es por otra parte la misma situación que servía de fundamento al primer gran estado de angustia, el del nacimiento, y a la angustia-nostalgia (Selinsucht-Angst) infantil, la de la separación de la madre protectora» (1925)

Esto es lo que provoca los síntomas que aparecieron en las primeras horas, días o semanas. La regresión que es mucho mas visible en el caso de los niños, pero también los adultos experimentan, la culpa denominada “culpa del sobreviviente” en la que las personas consideran de forma irreal que podían haber hecho algo más y no sienten derecho a disfrutar mientras otros no pueden hacerlo, ya sea porque murieron o perdieron su patrimonio. Además de todos los síntomas psicosomáticos, debidos a que es el cuerpo que está comprometido y en estrés agudo, por ejemplo; dolor en diferentes partes del cuerpo, cansancio, dificultad para comer o dormir, entre otros.

En lo colectivo tuvo lugar otro fenómeno, ante la incertidumbre, el miedo, la angustia y la impotencia de no poder controlar la magnitud del terremoto y sus efectos, así como la memoria que se activó en muchas personas que vivieron el terremoto de 1985, se generó una respuesta de empatía con las personas más afectadas, surgieron feroces afectos de solidaridad y la movilización ciudadana de ayuda se formó casi de inmediato al evento. Otra característica del impacto de estos fenómenos es que en esa sacudida interna también moviliza vivencias traumáticas anteriores.

Se puede observar que se dio un abanico de respuestas, desde los que acudieron a brindar ayuda de forma inmediata, los que se tomaron algunas horas para poder hacerlo y quienes se resguardaron en casa por diferentes motivos. Cada una de estas respuestas es válida y depende del nivel de afectación emocional que permitió cada reacción, así como de las posibilidades circunstanciales.

De esta forma se observa como el grupo social cubre la función de contención y rescate, donde el individuo intenta recuperarse de la avasalladora sensación de vulnerabilidad, deja de ser víctima para convertirse en rescatista de otros. Y se da una posibilidad de asimilar lo que no tiene palabras aún, no de simbolizar, sino de hacer menos incontrolable el dolor, la angustia y el miedo. Esto es de alta significancia pues es vital comprender que la afectación emocional impacta a todas las personas en menor o mayor medida, tanto al que ayuda como al que no tiene la posibilidad de hacerlo, o al que definitivamente requiere en urgencia ser ayudado. Por lo tanto, el potencial traumático de estas vivencias requiere de forma casi imperante e inmediata la posibilidad de ser transitadas por la palabra. Y dependiendo del impacto esto se puede lograr en la posibilidad de hablarlo en el grupo social cercano y/o mediante el apoyo psicológico profesional.

 

   La importancia de la contención emocional y su objetivo

La contención emocional facilita la integración psíquica de las personas es por ello que, en eventos como el temblor del 19 de septiembre, se requiere de profesionistas

que puedan proveer de sostener no solo físicamente al otro sino mentalmente, de tal forma que el impacto de lo ocurrido no desintegre el mundo interno de las personas.

El psicoanalista Donald Winnicott en su teoría acerca de la relación madre- bebé refiere que la mente del bebé presentará una serie de angustias para las cuales la madre o quien juegue el papel de la misma deberá contener emocionalmente al bebé. D. Winnicott explico algo muy sencillo: el bebé necesita una madre suficientemente buena. (No perfecta, no siempre atinada, simple y llanamente suficientemente buena).  Esta bondad se determina en tres funciones a cumplir por la madre o por quien cumpla su rol:

  1. Sostenimiento: que viene a significar la capacidad de la madre para hacerse cargo de su bebé en el sentido emocional, para cubrir sus necesidades y estar disponible.
  2. Manipulación: referida a los cuidados corporales que la madre dedica a su bebé y que crearán en él una conciencia positiva de su condición física.
  3. Presentación objetal: es decir, la capacidad de la madre para ir mostrándole al niño los objetos de la realidad.

Estas funciones favorecen la estructuración psíquica, de ahí la necesidad de contención ante situaciones como el temblor.

Así como Winnicott habla en las primeras etapas de vida de la importancia del holding o sostenimiento. Ante una situación en donde el ser interno de las personas experimentó la angustia a través de sentirse completamente, se requiere de una función parecida a la que la madre hace con el bebé, es decir se vuelve imprescindible que haya un otro que le sostenga física y emocionalmente, para no fragmentarse ante la angustia que produce el ambiente y realidad externa.

De tal forma que la contención se aplica a diferentes contextos para describir situaciones diversas de los vínculos familiares, institucionales, en la relación médico-paciente, y también en situaciones sociales más generales.

Es por ello que para todo terapeuta que realiza esta función es fundamental mostrar una actitud cálida, respetuosa, humana y empática ante las personas que vivieron un terremoto. Algunos comportamientos útiles estriban en crear alianzas, darle a entender a las personas que se está ahí acompañándolos, para que de manera conjunta se trabaje en seguir algunos pasos que le ayuden después el evento, como ser empático; tratar de entender la situación desde las creencias, perspectivas y cultura de los que vivieron el evento es fundamental para iniciar un proceso de contención (Landa & Cols., 2016).

   El modelo de intervención

“La psicoterapia breve siempre fue hija de la necesidad” Bellak (1993) Es una cuestión real que la terapia breve intensiva y de urgencia, permite una intervención efectiva con un marco de referencia psicoanalítico, para el manejo y elaboración de sucesos catastróficos en la vida.

Cuando se trabaja en grupo, se tiene como principal objetivo restablecer al paciente al estado precrítico y fortalecer su capacidad de resiliencia, a través de la posibilidad de significar y elaborar el estrés agudo ocasionado por el evento potencialmente traumático, mediante diferentes formas de contención. Así como prevenir trastornos mentales, y/o enfermedades psicosomáticas como migrañas, colitis y gastritis.

La contención que brinda la figura del equipo de terapeutas, así como la contención que se da entre pares dentro del grupo terapéutico, debida a la identificación entre sí, explorando las diferentes habilidades y deficiencias observadas entre los participantes.

Tiene una duración aproximada de 6 sesiones en las que se brinda la posibilidad de; hacer catarsis, trabajar el significado específico del suceso, se explora la responsabilidad y culpa, se identifican la posibilidad de secuelas crónicas y se abordan las respuestas especificas a las diferentes pérdidas. Promoviendo la organización interna que brinda la posibilidad de resiliencia y con ellos la posibilidad de brindar contención a los cercanos.

El espacio terapéutico es un lugar de confort y recuperación tras el terremoto interno que derrumbo en ese momento el sentido de seguridad y la capacidad de brindar protección a los seres queridos.

Sin embargo, se debe saber que aún hay duelos que se continúan elaborando la ansiedad y el miedo no desaparecerán de un día a otro, incluso en algunos casos tal vez se requerirá del acompañamiento profesional que brinda una terapia de mediano plazo.

 

   La experiencia de la intervención para el equipo terapéutico

La experiencia de brindar atención psicológica en situación de emergencia posterior a un terremoto, es una tarea subjetiva, que implica a cada profesional desde diferentes aspectos; el primer factor a tomar en cuenta es que no permanecen al margen de la vivencia que este despertó. Por ello si bien cada terapeuta cuenta con la formación especializada que le brinda el conocimiento teórico, así como el conocimiento de sí mismo a través de su propio espacio terapéutico.

Existen dos factores de alta relevancia para el éxito de esta función son por una parte el trabajo en equipo, es decir la colaboración de varios profesionales. Y por otro lado la posibilidad de contar con un espacio de contención que se debe establecer para el equipo terapéutico, favoreciendo que cada especialista pueda tramitar los afectos de la vivencia personal y profesional derivada de la carga emocional que los participantes elaboran en el proceso.

Es decir, la contención se da en varios niveles;

  • En el proceso de terapia breve en situación de urgencia, de los terapeutas hacia el grupo de participantes.
  • En el grupo de participantes, la identificación entre pares que favorece un aprendizaje sobre las diferentes formas de tramitar los afectos.
  • Entre el equipo de profesionales; lo que favorece el fortalecimiento de la función contenedora, así como la planeación y desarrollo del proceso psicoterapéutico.
  • Finalmente, la función indispensable del espacio terapéutico de contención del equipo de terapeutas que permita al equipo de profesionales tramitar los afectos que despierta la tarea.

 

Elaborado por:

Pst. Psicoanalista Tania Mayra Solís

Pst. Psicoanalista Haíde Perez

Psic. Clínica Yamilet Alavez

Psic. Cognitivo- conductual Elizabeth Villanueva

Psic. Clínica Mayra Mendoza

Psic. Clínica Alejandra Lechuga

 

Ilustración: Danyaelart

Déjanos un comentario en Facebook