Una de las dificultades que observamos a menudo en la actualidad es la reacción de los padres y profesores ante la conducta agresiva de un niño, ya que muchas veces no saben como tratar este tipo de situaciones cuando la conducta se repite constantemente ya sea en sus hijos o con algún compañero de clase que agrede a los demás.

Hablamos de agresividad cuando hay una acción violenta que realiza una persona con la intención de causar un daño a otra. En los niños suele presentarse en forma directa, ya sea fisicamente, verbalmente o de manera contenida. (Vallés, 1988).

Las reacciones agresivas son un rasgo normal en la infancia, sin embargo en algunos niños prevalece y su incapacidad para manejar sus impulsos generan que acaben dañándose a sí mismos y frustrados mayormente cuando sus iguales los rechazan.

Los niños a temprana edad responden ante las frustraciones de manera agresiva, ya sea golpeando, arañando, mordiendo o teniendo alguna otra reacción que pueda dañar al otro. Este comportamiento podría considerarse normal en la primera infancia, sin embargo es tarea de los padres evitar que esta conducta se refuerce o se vuelva habitual.

Hay factores que debemos de tomar en cuenta para indicar que este tipo de comportamiento es normal en el menor. Como lo es la edad y  el contexto en donde aparece.

Los niños entre los 2 y los 4 años buscan ser independientes, están desarrollando el lenguaje y les cuesta trabajo controlar los impulsos. Por lo general a esta edad los niños comienzan a interactuar socialmente con sus iguales, así que surgen sus primeros conflictos, situaciones como querer el mismo juguete, subirse al mismo juego, tener el color que el otro niño tiene, etc., y como aun no han adquirido el lenguaje, manifiestan su frustración por medio de la acción, lloran, gritan, pegan, muerden o hacen berrinche, entre otras cosas. Ante este tipo de situaciones agresivas, es necesario intervenir y apoyar a los infantes para evitar que en un futuro estas conductas se conviertan en violencia.

Existen diversas situaciones que pueden general que un niño desarrolle un patrón de conducta más agresiva, ya sea con sus iguales o con adultos. Estas situaciones pueden ser :

  • Personales: Tener un pobre autocontrol o mostrar poco respeto a los demás.
  • Familiares: Divorcio o separación de los padres, abandono, muerte de un ser querido, cambio de residencia, nacimiento de un hermano, entre otros.
  • Ambientales: Medios de comunicación, entorno en el que se desenvuelve negativo o agresivo y modo de afrontar situaciones frustrantes.

Hemos mencionado que el comportamiento agresivo es parte del proceso de crecimiento y socialización. Sin embargo, es de suma importancia la influencia que tienen los padres y el medio en el desarrollo de dicha conducta.

En la actualidad la tecnología de la comunicación predomina, sin embargo es interesante ver como en la consulta privada destaca la dificultad en las relaciones interpersonales  para expresar los afectos, observamos que los adultos tienen conflicto para escuchar a sus hijos, así como para brindarles herramientas que les permita poner en palabras lo que sienten y como resultado tenemos niños y adolescentes que expresan sus afectos por medio de conductas impulsivas.

Actualmente el psicoanalisis es una valiosa herramienta de intervención que busca alternativas para esta problemática ya que ha hecho aportes importantes que estan relacionados con la constitución del sujeto y la agresión, lo que permite una mayor comprension de la violencia en los vínculos interpersonales.

Uno de los autores que expone el tema de la agresión en el niño es Donald Winnicott. Quien habla de la importancia de favorecer un ambiente de cuidado, contención y crianza que responda a las necesidades físicas y afectivas del niño.

Este autor considera a la agresión como una fuerza que manifiesta la vitalidad; una energía que el niño trae desde el nacimiento, que podrá expresar siempre y cuando el entorno lo sostenga adecuadamente. Si el entorno no se presenta en las condiciones favorables, el niño tendrá dificultad para enfrentarse a situaciones de riesgo o presentara una agresividad destructiva y antisocial.

Es importante no confundir esta agresión con el enojo; ya que al enojo se le considera como una agresión reactiva que se origina a causa de una respuesta desfavorable del ambiente; una intrusión que reprime tempranamente la agresividad-motilidad del niño.

Siguiendo al autor la agresión primaria es la forma primitiva del amor como parte del desarrollo emocional; es decir que desde el nacimiento existe una sola pulsión de amor-lucha, en la que el amor temprano contiene esta agresión-motilidad. (Winnicott, 1986 [1939]).

Uno de los conflictos mas relevantes que considero el autor es, cómo el infante debe enfrentar la expresión de su propia agresión ante el medio, considerando el tipo de ambiente, por ejemplo: la llama agresividad reactiva si la utiliza como reacción a irrupciones o ataques del ambiente, para diferenciarla de la agresión primaria no intencional que es parte del desarrollo emocional y que el menor puede expresar ante ambientes seguros y contenidos.

Cuando el niño comienza a sentir angustia por el temor de perder a su madre a causa de haberla dañado,  inicia la fase de integración. Esta angustia se convierte en sentimiento de culpa.  Si la presencia de  la madre ante el niño es confiable solo por el hecho de seguir viva, accesible e incondicional para él, permitirá que la culpa permanezca de manera potencial en el infante y adquiera la preocupación por el otro; lo que implica asumir la responsabilidad por sus impulsos. El infante que logra contener la angustia es debido a que tiene la confianza en que podrá reparar a su madre.

Para que el objeto pueda ser aceptado como independiente del niño y adquiera la cualidad de un otro, debe sobrevivir a su agresión. Lo que le permite al niño acceder a la realidad, son los intentos fallidos por destruir al objeto. Es decir la agresividad primaria tiene como metas positivas llevar al reconocimiento del otro, aceptando su diferencia así mismo favorece el sentimiento de responsabilidad, amor y cuidado por el otro y permite el  desarrollo de la creatividad.

Cuando la madre no es lo suficientemente confiable porque toma distancia del bebé en esta fase de integración, él sentirá que la destruyó, lo que disminuirá las posibilidades de repararla.

La supervivencia del objeto implica la certeza de que su amor será constante, lo que permite al niño tolerar la ambivalencia, conocer el potencial de su propia agresión y contenerla en la fantasía; determinará la posibilidad de desarrollar su potencial creativo libremente.

El verdadero problema que se presenta en el desarrollo emocional del niño no es la expresión de la agresividad sino la temprana represión, que transforma el impulso agresivo primario positivo, en una agresión reactiva que evitara en un futuro el reconocimiento del otro.

 «…si la sociedad está en peligro no es a causa de la agresividad del hombre, sino de la represión de la agresividad individual» (Winnicott, 1981 [1950-1955]: 281).

Se ha observado que cuando se trata de satisfacer todos los deseos de de los hijos, se impide que expresen esa motilidad-agresividad tan necesaria para su desarrollo. La famosa etapa de los berrinches, entre los dos y tres años, sirve para que el niño exprese, con su oposicionismo, su incipiente identidad, diferenciándose de los demás. Del mismo modo, la rebeldía del adolescente puede estar al servicio de la reafirmación de su nueva identidad.

El primer lugar de socialización fuera del hogar es la escuela,  donde vemos comunmente la agresión inmotivada y compulsiva de algunos infantes que responden violentamente aunque no haya ningún estímulo real para esa rección, esto sucede como una defensa  ante vivenciar al mundo peligroso y agresivo.

Winnicott agrega que cuando se interrumpe la expresión de la agresión en el niño, el medio se vuelve persecutorio para él y puede formarse un patrón reactivo de adaptación con violencia encubierta y vuelta contra sí mismo, llevando a conductas autoagresivas que pueden variar en una escala que va desde los accidentes reiterados hasta los intentos suicidas, como un esfuerzo por controlar o eliminar lo que se vive como malo en su interior.

Cabe mencionar que las funciones que desempeña la madre son determinantes, sin embargo es importante la presencia de las funciones del padre ya que estas apoyan a la madre poniendo límites a la agresividad del niño, para que ella se sienta cómoda en el desempeño de su rol.

Un tema importante del que hace énfasis el autor es la importancia de la sociedad para prevenir y reparar las conductas destructivas que origina la tendencia violenta del niño, quien da una posibilidad de encontrar en un ambiente externo la estabilidad emocional.   «El niño cuyo hogar no logra darle un sentimiento de seguridad, busca las cuatro paredes fuera de su hogar… A menudo, el niño obtiene de sus parientes y de la escuela lo que no ha conseguido del propio hogar» (Winnicott, 1986 [1939]: 188).

Siguiendo la teoría de este autor, podemos decir que en la actualidad la violencia infantil se esta presentando en realidad como un pedido de auxilio, una búsqueda de contención que los hogares no está dando,  y que por falta de conocimiento, la sociedad hace caso omiso a este llamado de atención, hemos presenciado acontecimientos violentos en las escuelas donde esta agresión encubierta de la que habla Winnicott pudiera tener otro destino; sin embargo esta llegando al momento en que los menores no pueden contener la agresión y la expresan cometiendo actos destructivos. Por lo que debemos saber, que los vínculos que él menor establece ya sea con el maestro o con otras figuras de autoridad pueden hacer la diferencia y reparar el daño sufrido, lo que no sólo implica una posibilidad para el niño sino también para nuestra sociedad.

Para Winnicott la agresividad parte del impulso primitivo del amor-lucha para llegar al reconocimiento de un mundo externo separado, es decir que la destructividad crea la realidad y si el ambiente facilita su expresión, proveerá de fuerza a la creatividad, cuyo semilla la constituye ese primer objeto subjetivo que el bebé crea en su omnipotencia y que se consolida en el área de ilusión de los fenómenos tradicionales.

Cuando el ambiente reprime los destinos negativos de la agresividad, se puede manifestar como culpa, devaluación, sometimiento, problemas de aprendizaje, limitaciones de la creatividad, o como agresividad reactiva destructiva.

El aporte teórico de Winnicott respecto de la agresividad favorece su desmitificación como un impulso necesariamente dañino, y relaciona la agresión con la creación así como con el descubrimiento del otro.

Sin embargo, cabe mencionar que no todas las relaciones violentas implican el reconocimiento del otro; por ejemplo, existen aquéllas en las que el otro es solamente un objeto a destruir al que no se le reconoce como persona

El autor plantea que adaptarse a la realidad impide crearla ,de ahí que llegue a considerar que existe una patología de la adaptación en los niños. Para concluir podemos decir, que cuando no hay un adecuado manejo de la agresividad primaria los “alumnos“ que son víctimas de la violencia de sus compañeros, así como los alumnos violentos, tienen dificultades para implementar formas asertivas de expresar su agresión, y de reaccionar ante diversas situaciones por esta inhibición de la imaginación que les impide encontrar la manera de lidiar con estos problemas.

¿Cómo podemos actuar ante la conducta agresiva de un niño?

  • Mostrar interés ante la conducta presentada (si muerde, pega o agrede a otro niño) intervenir haciéndole saber que su conducta le hace daño a la otra persona.
  • Las emociones son importantes, por lo que tenemos que ayudarle al niño a identificar que es lo que esta sintiendo, hacerle ver que es normal estar molesto o triste.
  • Si el menor aun no es capaz de expresar lo que siente con palabras, podemos hacerlo nosotros preguntándole, por ejemplo. ¿Te enojaste por que no te prestaron el juguete? Es necesario hacerle saber que entendemos como se esta sintiendo y que todos podemos en algún momento enojarnos o tener cualquier otra emoción por no conseguir lo que queremos. “Yo aveces también me enojo“.
  • Mostrarle que podemos reaccionar de diferentes formas. Así, él podrá saber que existen alternativas y que podemos tolerar la frustración.
  • No gritar, ya que si actuamos agresivamente el niño entenderá que esta reacción es la solución ante la frustración. Hay que calmarnos y hablar sobre lo sucedido. Es necesario crear un ambiente de confianza, entender que paso y promover los comportamientos asertivos.
  • Por medio del lenguaje y la negociación hay que enseñarle a ser paciente para conseguir lo que desea y aun así no siempre lo conseguirá.

Este vinculo que podemos crear ante el actuar de un infante agresivo le brindará al menor la contención que necesita para ir desarrollando la comunicación y el reconocimiento del otro sin tener que responder por medio de la agresión reactiva.

La mayoría de los niños, después de los 4 años ya tienen desarrollado el lenguaje y sus habilidades de comunicación, con el cuidado de los padres y dependiendo del establecimiento de sus vínculos afectivos empezaran a sustituir las conductas agresivas por conductas comunicativas.

 

 

 

 

Betzabel López Robles

Betzabel López Robles

Psicoterapeuta Psicoanalítica

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