Vivir en pareja es una verdadera aventura que requiere pensar de forma constante el vínculo y las maneras en que ese espacio de “nosotros” se construye y transforma permanentemente. Un momento determinante es cuando pasa de ser exclusivo de la pareja, a ser un espacio compartido que despierta frecuentemente el deseo de recuperar la anhelada libertad e individualidad, me refiero a la etapa en la que llegan los hijos, sin importar si se trata del primero o los siguientes hijos, en cada caso se produce un movimiento dinámico y exclusivo.

Pero, ¿Qué ocurre en la pareja con la llegada de un hijo? ¿Por qué durante esta etapa de la pareja se presentan altos índices de separación o infidelidad?

La llegada de un hijo implica abrir un espacio en todos los sentidos en la vida de cada futuro padre o madre, así como en la relación que se establece entre ellos, misma que atraviesa una compleja especie de metamorfosis profunda, es decir, el vínculo de la pareja cambia tanto que nunca vuelve a ser el mismo, esto no significa que tenga una connotación ni necesariamente positiva, ni negativa, pues eso dependerá de cada pareja y la forma en que logre asimilar este movimiento.

El funcionamiento y dinámica establecidos hasta ese momento transita por diversos reacomodos en aspectos vitales como;

• El amor entre dos que abre espacio a un tercero “el bebé”; la concepción de un hijo implica el deseo de la paternidad ya sea de manera consciente o inconsciente. En el embarazo, el cuerpo de la mujer se encuentra implicado de forma absoluta esto promueve una conexión intima que va dando lugar de forma gradual al amor y deseo de mantener con vida al futuro bebé. La mujer requiere ir conociendo y entendiendo desde ya, primero su propio cuerpo y con el nacimiento el temperamento y necesidades de su hijo, esto implica la capacidad de concentrar energía y atención. La naturaleza de este nuevo vinculo madre-hijo, puede hacer sentir excluido al padre, quien atraviesa su propio proceso para generar su vinculo padre-hijo, sin embargo, para algunos padres, este se torna mas claro con el nacimiento del bebé y se va fortaleciendo a medida que se va dando la posibilidad de convivir más con él. Salvaguardar el vínculo de pareja con todo este movimiento de los afectos, requiere la posibilidad de compartir la experiencia permitiendo a ambos padres dar vida y amor al nuevo hijo, sin sentirse heridos, excluidos o despojados.

• La vida sexual es un factor constitutivo de la relación de pareja que involucra la intimidad emocional y el erotismo, sin embargo, con la llegada de los hijos sufre una gradual transformación en la frecuencia e intensidad esto da lugar a una nueva dinámica que muchas veces enfrenta resistencia por parte de alguno o los dos integrantes de la pareja, por lo que reencontrar el equilibrio requiere una gran disposición y creatividad que solo es posible cuando el pequeño hijo ya no depende vitalmente de esos cuidados que ambos padres brindan. Es decir, aunque cada pareja ira encontrando sus propios tiempos, estos están en función de la posibilidad de apartar cuando menos por algunos periodos de tiempo, la atención del bebé y esto ocurre cuando la madre y padre se sienten seguros del bienestar de su hijo, lo cual no siempre es una tarea fácil, ya sea por el temperamento del bebé o algunas otras características asociadas. Además, cada integrante de la pareja ira colocando energía libidinal en su pareja a su propio ritmo y generalmente no es mismo en ambos, esto puede provocar fantasías de rechazo en uno o ambos integrantes de la pareja.

• La administración financiera requiere organizar gastos previstos e imprevistos, lo cual implica nuevos acuerdos, así como renuncias a ciertos privilegios personales o proyectos de pareja.

Si a esta compleja metamorfosis del vínculo, sumamos que las formas de construir familia se han transformado tanto, que la manera en que pensaban la maternidad y paternidad las generaciones previas van dejando poco a poco de coincidir con la realidad actual. Los cambios sociales han modificado la capacidad adquisitiva, las jornadas laborales, el deseo de crecimiento profesional, la postergación de la edad de retiro laboral, así como la forma en que se construyen nuevas feminidades y masculinidades, todo ello también ha tenido un impacto en las expectativas que hombres y mujeres colocan en el vínculo de pareja.

Esto significa que las generaciones actuales enfrentan problemas para los que no necesariamente hay un referente o guía de saber cómo hacer, mismo que en otros tiempos brindaban familiares o amigos cercanos y hoy ya no son tan factibles por diversas razones como la falta de empatía con el ritmo de vida actual o por falta de tiempo. Esto complica el establecimiento de actividades que eran cotidianas, como organizarse en torno a la pareja brindando compañía, consejo y apoyo, posibilitando la maternidad y paternidad.
En este sentido Winnicott un psicoanalista estudioso del vínculo temprano madre-hijo puso de manifiesto la importancia de que una madre cuente con la disposición emocional para traducir adecuadamente el mundo a su hijo, para ello requiere un entorno que brinde a la madre la contención adecuada, este ambiente comienza con la función paterna, que le brinda su pareja, pero también incluye a otras personas de su entorno que guían y acompañan.

Por lo tanto, aunque la llegada de un hijo es un evento que despierta el deseo de vivir, enseñar y amar, también implica no solo enfrentar la compleja transformación del vinculo en la pareja y la dificultad para sincronizarse e ir entendiendo los ritmos con los que cada uno crea ese maravillo vínculo con su hijo, mismo que también será la base de la construcción del mundo interno del hijo y el sustento de su salud mental para los padres.

En la actualidad otra dificultad de alta relevancia es la carencia de los espacios de contención para las parejas, pues existe un exceso de información en aspectos de crianza y contención emocional para los hijos, pero no hay alternativas para la pareja, que al enfrentarse a la crianza se sienten sobre exigidos y no hay un espacio vital para pensarse y ser contenidos desde sus condiciones singulares para maternar y paternar.

Es pensando en estos avatares y carencias que creamos el taller “Haciendo nido, reinventar la pareja para construir familia¨, una propuesta terapéutica que propone el encuentro intimo entre parejas, dirigido a todos aquellos que desean transitar los nudos de la vida en pareja y resolver los afectos que despiertan en este momento crucial de sus vidas. La ventaja es que, al ser acompañados por profesionales expertos, las parejas podrán manifestar las ansiedades que les acompañan y les permitirá encontrarse con otras personas que han atravesado o atraviesan el mismo momento de vida, con las cuales podrán compartir sus experiencias, aprendizajes y/o errores comunes, así como ir encontrando su forma particular de resolver las diferentes situaciones e ir descubriéndose y validándose como padres y pareja.

Tania Solís

Tania Solís

Psicoterapeuta Psicoanalítica

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