Entendemos por violencia invisible a aquella violencia psicológica, que aunque no deja marcas visibles como en el caso de la violencia física, tiene un efecto tan devastador como ésta última, ya que busca igualmente dañar y ejercer control sobre quien es practicada. A continuación revisaremos dos de las formas que toma esta violencia invisible: el abuso verbal y el chantaje emocional para saber cómo identificarlas, conocer sus consecuencias y saber qué hacer ante ellas.

Por abuso verbal hemos de entender todas aquellas formas en las que a través del lenguaje –hablado, escrito o corporal (gesticulaciones, señas, posturas, falta de contacto visual)- una persona daña a otra: descalificándola, ignorándola, despreciándola, burlándose de ella, confundiéndola, haciendo señalamientos hirientes, mintiendo, generando rumores, desacreditándola. Cuando estas prácticas son llevadas a cabo de forma sistemática sobre una persona ésta empezará mostrarse insegura, temerosa, ansiosa, estresada, confundida, duda de sí misma, incapaz de actuar, de resolver, equivocándose consistentemente, con lo que la persona dañada termina “confirmando” que es verdad lo que se dice de ella, que merece el trato que le dan y por tanto asume el sometimiento hacia quien o quienes la agreden, lo cual coloca a la persona en una situación de mayor vulnerabilidad en la que puede ser objeto de una escalada de violencia (abuso sexual, agresiones físicas, despojos, despidos).

El chantaje emocional es una forma de manipulación a través de la cual personas cercanas, nos amenazan, directa o indirectamente; sutil o agresivamente, con castigarnos si no hacemos lo que esas personas quieren. Quienes usan el chantaje como estrategia de control suelen conocernos bien, saber lo que valoramos, lo que tememos, nuestros puntos débiles, incluso conocen nuestros secretos y usa todo eso que sabe para formular amenazas cuando ve en riesgo sus objetivos: lo que quiere de nosotras o nosotros. La secuencia que toma un proceso de chantaje inicia con una exigencia de quien quiere obtener algo de nosotras o nosotros; si oponemos resistencia entonces empieza a ejercerse una presión que deviene en una amenaza de castigo ante la cual –por “amor”, por “lealtad”, por miedo, por inseguridad- la persona que está siendo presionada cede obedeciendo ante los deseos de quien la chantajea para evitar el castigo, una vez que la persona que manipula logra su objetivo, ésta detecta los mecanismo que usará en adelante para salirse con la suya, así que el proceso se repetirá, reiteradamente, una y otra vez.

Un ejemplo común de chantaje emocional se da cuando la persona chantajista sabe que valoramos mucho su amor y aprobación, ésta nos amenazará con privarnos de ello, si no hacemos lo que quiere; llevándonos a hacer cosas que desea para ganarnos su amor o aprobación. Ésta situación de tensión quebranta los límites de la persona afectada quien hace cualquier cosa para evitar el castigo, en este caso que la deje de amar, la abandone o desapruebe; sin embargo, luego de llevar a cabo ciertas prácticas, que no solía hacer pero que llevó a cabo ante el chantaje, suele sentirse desequilibrada, avergonzada, culpable, con miedo, incómoda; lo cual va minando su seguridad y colocando a la persona a merced de quien la chantajea y quien no vacilará en usar el chantaje para controlarla.

En ambos casos, su identificación es difícil, primero porque es una violencia muy sutil, no parece violencia o está disfrazada de otra cosa –amor, admiración, respeto, cuidado, solidaridad- de modo que es difícil identificarla; segundo, porque suele provenir de personas muy cercanas con las que incluso tenemos vínculos afectivos profundos –papá, mamá, hija, hijo, pareja, amigas, amigo, personas cercanas del trabajo- y por lo tanto de quien no esperaríamos una agresión; tercero, porque la víctima suele sentirme culpable por la forma en que es tratada; cuarto, porque hay una resistencia a creer que estoy siendo víctima de algún tipo de violencia y quinto, porque vivimos en una sociedad que minimiza, invisibiliza y naturaliza todos los tipos de violencia.

No tenemos control de la violencia que es ejercida contra nosotras y nosotros; ya que la violencia es una decisión de quien decide ejercerla; pero si tenemos control, ante este tipo de violencias, de nuestro autocuidado, de nuestra dignidad, de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestros actos; de ahí la importancia de buscar ayuda, no será quien nos agrede la persona que nos auxilie; de reestablecer nuestros límites, de colocarnos en un lugar seguro, de huir o enfrentar si hay condiciones, de buscar sobrevivir y construir nuestro propio bienestar; eso si nos toca y es nuestra responsabilidad.

Referencias bibliográficas
-Forward, Susan (2003). Chantaje Emocional. México: Editorial Diana S.A. de C.V. 1ra. ed.
-Horigoyen, Marie-France (1999). El acoso emocional. El maltrato psicológico en la vida cotidiana. Barcelona: Paidós. 1ra. ed.
-Evans, Patricia (2000). Abuso verbal. La violencia negada. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.

Azalea Marrufo Díaz

Azalea Marrufo Díaz

Psicóloga y Defensora de Derechos Humanos

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