A lo largo de la historia se han desarrollado 3 modelos teóricos para abordar el tema de la discapacidad, mismos que vemos plasmados en diferente medida, en el contexto actual hacia las personas con discapacidad, el Modelo de Prescindencia (de exterminio), el Médico-Rehabilitador (de salud-enfermedad) y el Modelo Social (de Derechos Humanos). De acuerdo con la Dra. Agustina Palacios, dichos modelos no se han mantenido estáticos ni homogéneos, por lo que considera que hasta al siglo XX, han oscilado con mayor arraigo entre la sociedad los dos primeros de ellos.[1]

Al respecto, el Dr. Aguado Díaz menciona que el papel desempeñado por la persona con discapacidad en un determinado contexto social no depende de la naturaleza, tipo o grado de su deficiencia, ni de sus condiciones o características personales, sino más bien de la concepción y actitudes sociales imperantes hacia su persona.[2]

Es por ello que en el modelo Social se considera que la discapacidad es el resultado de la interacción de aquellas deficiencias (físicas, mentales, intelectuales o sensoriales) y las barreras sociales  que impiden que las personas con discapacidad participen de manera plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones con las demás, mismo precepto que comparte la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas.

Dicha Convención se encuentra vigente para nuestro país desde mayo de 2008. Es a través de dicho tratado internacional donde podemos encontrar 50 artículos que abordan temas como: educación, salud, accesibilidad, trabajo y empleo, acceso a la justicia, protección contra la explotación, la violencia y el abuso, respeto del hogar y la familia, por mencionar algunos.

Es por tanto de gran relevancia que el modelo Social,  sea punta de lanza hacia las modificaciones de prejuicios, prácticas y barreras que han generado en las personas con discapacidad la exclusión, la discriminación y la sustitución de su voluntad.

En este tenor, para el abordaje de las relaciones de pareja en la discapacidad, es necesario retomar lo que se establece en la Convención referente al mismo, donde el art. 8°-“Toma de conciencia,” señala en su inciso b) que se debe luchar contra los estereotipos, los prejuicios y las prácticas nocivas respecto de las personas con discapacidad, incluidos los que se basan en el género o la edad, en todos los ámbitos de la vida.[3]

No obstante lo anterior, en nuestra sociedad se encuentra fuertemente arraigadas diversas concepciones, tabúes y creencias sobre la sexualidad en donde se ve cuestionada la posibilidad de la construcción de relaciones de pareja en las personas con discapacidad, siendo algunos ejemplos de ello, los siguientes:

  • Las personas con discapacidad solo generan vínculos afectivos, exclusivos de amistad entre pares, los cuales se fomentan y promueven, derivado de la concepción de que entre “ellas” existe una forma especial y diferente de asimilar y entender sus afectos por el hecho de tener discapacidad.
  • Las personas con discapacidad no son deseables, ni atractivas para otras personas sin discapacidad, así como tampoco las personas con discapacidad presentan atracción y deseo hacia personas sin discapacidad.
  • No todas las personas con discapacidad expresan la necesidad de establecer un vínculo afectivo y/o erótico,  y si fuera así, recomiendan que sea solo entre personas con la misma discapacidad.
  • Solo algunas personas con discapacidad tienen la capacidad de ejercer su vida sexual de manera responsable y placentera, ya que esto dependerá de su grado de autonomía e independencia.
  • Las niñas y las mujeres con discapacidad deben ser esterilizadas como una medida preventiva contra el abuso sexual  y de control de natalidad.

Es entonces que a partir de algunos de los ejemplos anteriormente mencionados, detectamos que las personas con discapacidad han sido y son rehenes de una serie de estereotipos sociales que han generado interminables barreras y obstáculos que les han impedido, limitado y/o restringido el acceso y el ejercicio hacia sus derechos sexuales y reproductivos, entre ellos las cuestiones relacionadas con el matrimonio, la familia, la paternidad y la maternidad así como las relaciones interpersonales.

Es por ello de vital importancia que en el entorno, que va desde los núcleos más directos (la familia) hasta los vinculantes (gobierno y sociedad), se promueva el Modelo Social ya que en éste se hace visible el reconocimiento de la persona, antes que su discapacidad, derivando así el derecho de la persona con discapacidad a tomar sus propias decisiones respecto a diversos ámbitos, entre ellos el personal.

Las personas con discapacidad, al igual que otra persona sin discapacidad, expresan la necesidad  de contacto e intimidad, de relaciones interpersonales asociadas al deseo sexual, a la atracción y al enamoramiento. Esta presente la necesidad de abrazar y ser abrazado, de besar y ser besado, de tocar y ser tocado. Recordar y hacer estas observaciones es útil para reiterar que son Personas y nos seres inertes, ya que desde que nacemos necesitamos ser amados, acogidos en el seno y el calor de nuestra madre y vinculados con nuestro entorno. Existen diversas investigaciones que demuestran que el mayor amortiguador de estrés en el ser humano es el contacto corporal, el afecto y la ternura, siendo la mejor fuente de satisfacción sentimental el establecimiento de una relación de pareja.

Las personas con y sin discapacidad desean ser respetadas y valoradas al establecer un vínculo afectivo con su pareja, el cual debe estar libre de violencia y contar con el apoyo de tres componentes esenciales: la intimidad, la pasión y el compromiso.

Para lo anterior resultaría muy benéfico que las personas con discapacidad contaran con un sistema de apoyos (ayudas técnicas y ajustes razonables) que les pudiera brindar información y orientación en relación a los temas concernientes a las relaciones interpersonales, si es que ellas así lo requieren, respetando siempre su voluntad y su intimidad y no buscando la sustitución o anulación de sus decisiones.

 

 

REFERENCIAS
[1] Palacios, Agustina., Grupos Vulnerables y derechos humanos: La discapacidad desde el discurso de los derechos humanos, Fundación Gregorio Peces Barba, p.4, 2016.
[2] Aguado Diaz, A., Historia de las deficiencias, Escuela Libre Editorial, Colección Tesis y Praxis, Madrid, 1995, p.24 en Palacios, A., Grupos Vulnerables y derechos humanos: La discapacidad desde el discurso de los derechos humanos, Fundación Gregorio Peces Barba, 2016.
[3] Convención sobre los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas.
 Jessica Erika Feregrino Alva

Jessica Erika Feregrino Alva

Licenciada en Educación Especial y en Discapacidad Intelectual - Orientación y Consejería

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